
La ministra de Cultura y Deportes del gobierno de facto de Honduras no parece ser una mujer muy lúcida. Lo demostró hoy cuando tomó el micrófono en el acto realizado en la sede gubernamental en Tegucigalpa y que Telesur transmitió en vivo (tomando la señal de la tv hondureña, no vayan a creer que los dejaron entrar). Con dificultad para expresarse, que tal vez también se debió al nerviosismo que compartía con los golpistas reunidos en la sala, denunció: "¡Mel quería convertir a nuestras bibliotecas en casas del ALBA para enseñar libros revolucionarios y progesistas!".
A la dictadura se le nota la desesperación. Las marchas que reclaman el regreso de Mel a la presidencia no han menguado y el fracaso del diálogo no funcionó como esperaban. Pero probablemente lo que más preocupe en estas horas a Goriletti y compañía sea que la Unión Europea (UE) anunció hoy que congeló 65,5 millones de euros (92 millones de dólares) de ayuda presupuestaria a la administración de facto y, sobre todo, la llamadita en la que ayer la canciller de Estados Unidos (EE.UU.), Hillary Clinton (preocupada por no hacer un rídiculo del tamaño del planeta tierra) , le habría advertido al propio Micheletti que de fracasar el proceso de mediación el gobierno estadounidense suspenderá la ayuda a la nación centroamericana.
En ese contexto organizaron el patético mitin para dejar en claro que ellos están luchando del mismo lado que la Clinton contra el eje Chávez-Castro-Ortega y demostrar que tienen el apoyo de la "sociedad civil", o sea, de ellos mismos y de las anónimas personas del pueblo que los alientan día a día en la calle. Así presentaron a la señora de barrio que llevaron para que hablara en representación del los más humildes. Leyó un documento con más furia que la de los ricos que sonreían con una mueca a su alrededor. Y dijo más de lo que dijeron los otros: fustigó a los "empresarios traidores que están negociando el regreso de Mel", a "los docentes que continuan de paro", y a las miles de personas "que están en las calles protestando". Sin quererlo, había roto el cerco mediático que impusieron los medios hondureños.





